
Cuando el Baloncesto se convierte en fotografía.
VALENCIA, ROIG ARENA. Desde mi posición a pie de pista, el segundo partido de la semifinal entre Valencia Basket y Joventut tuvo algo distinto. Después del espectacular primer encuentro, resuelto en la prórroga apenas dos días antes, se respiraba la sensación de que la Penya llegaba al Roig Arena dispuesta a resistir otro asalto. Pero esta vez el guion fue diferente.
La cámara apenas había comenzado a disparar cuando el Valencia Basket ya había impuesto su ritmo. Intensidad defensiva, velocidad en las transiciones y una energía contagiosa que se extendía desde la pista hasta las gradas. El equipo de Pedro Martínez encontró soluciones desde el inicio y fue construyendo una ventaja que obligó al Joventut a remar siempre a contracorriente.
Para un fotógrafo deportivo, hay partidos en los que las imágenes llegan solas. Gestos de concentración, celebraciones, miradas de complicidad y acciones que duran apenas una fracción de segundo. Mientras el marcador se inclinaba progresivamente hacia el lado taronja, la pista ofrecía un flujo constante de momentos que merecían ser capturados.
Hubo saltos imposibles, defensas al límite y la tensión propia de unas semifinales. También el rugido de una afición que veía a su equipo acercarse a una nueva final. El resultado final, 90-76, reflejó el dominio valenciano, pero desde el visor de la cámara quedaron muchas más historias que contar que las que aparecen en el marcador.
Al terminar el encuentro, mientras los jugadores abandonaban la pista y el público comenzaba a vaciar las gradas, revisé las fotografías de la noche. En muchas de ellas aparecía lo que más me atrae de este deporte: la emoción congelada en un instante irrepetible. Porque el baloncesto pasa muy rápido, pero la fotografía tiene la capacidad de hacerlo eterno.














